Bandera y Escudo de la Ciudad Autónoma de Melilla

ESCUDO DE LA CIUDAD DE MELILLA

El escudo de la ciudad de Melilla se basa en las armas de la Casa de Medina-Sidonia, concedido en Cédula Real en el año 1913 por su Majestad el Rey D. Alfonso XIII al tercer Duque de Medina-Sidonia, D. Juan Alonso Pérez de Guzmán, el cual estuvo al frente de la expedición que conquistó la Ciudad.

El escudo es de forma rectangular cuadrilongo y redondeado en su base, mostrando armas sobre campo de azur, en el centro del escudo, dos calderas jaqueladas en oro y gules, gringoladas de siete sierpes en sinople, puestas al palo, bordadura de las Armas Reales de Castilla y León, de nueve piezas de gules con castillos de oro, alternadas, de nueve piezas de plata con leones de gules. Al timbre Corona Ducal que señorea Guzmán el Bueno, en actitud de lanzar un puñal desde el castillo de Tarifa. Al escudo lo sostienen las Columnas del Estrecho de Hércules, con la inscripción “Non Plus Ultra”, y lleva divisa en su parte superior, en una cinta alada con leyenda “Praefere Patriam Liberis Parentem Decet” (“conviene anteponer la Patria a la familia”). Por último, al pie del escudo y fuera de él, un dragón en sinople.

BANDERA DE LA CIUDAD DE MELILLA

Se trata de un paño de dimensiones rectangulares de color azul celeste, en representación de las aguas del Estrecho de Gibraltar que cierra las Columnas de Hércules, y en el centro del mismo se representa el escudo de la Ciudad Autónoma de Melilla.

BREVE HISTORIA DE LA CIUDAD DE MELILLA

Hacia la primera mitad del siglo I a. C., los fenicios ya surcaban el mar Mediterráneo desde su lugar de origen (el Líbano y Siria) hasta el estrecho de Gibraltar. En este ir y venir, los fenicios fundaron diferentes colonias y se fueron asentando a lo largo de la costa, desde Chipre hasta Cádiz y norte de África. Algunos de estos asentamientos se convertirán en grandes ciudades tal como le sucedió a la ciudad de Rusadir (nombre primigenio de la actual Melilla), que fue fundada en el siglo VII a. C. en una zona privilegiada de gran riqueza minera y salina. Esta región se encuentra situada al sureste del Cabo de Tres Forcas, además de su proximidad con el estrecho de Gibraltar y las rutas comerciales del Mediterráneo.

Rusadir se conviertió en el principal puerto de la región y en centro de exportación hacia tierras del interior a través del rio Muluya. La actividad principal, sin duda, era el comercio (que consistía, mayormente, en el trueque de sus productos por otras mercancías disponibles en otros lugares que fuesen de su interés o necesidad).

Cuando Fenicia decayó Cartago tomaría el relevo y mantendría vivo el espíritu fenicio varios siglos más. Los cartagineses convertirán la ciudad de Rusadir en una importante fortaleza estratégica para los intereses de Cartago, adquiriendo así una gran relevancia en el Mediterráneo.

En el siglo III a. C., las dos potencias mediterráneas en aquellos momentos, Roma y Cartago, se enfrentaron en la llamada Primera Guerra Púnica. Aníbal, el general cartaginés de la familia Barca, tras el inminente enfrentamiento entre ambas potencias, decide alistar en sus filas a mercenarios norteafricanos, que gozaban de tener una excelente preparación para el combate. Todo el empeño y esfuerzo de Aníbal para conseguir la victoria no fueron suficientes, ya que el ejército cartaginés y sus aliados sucumbieron ante los romanos, que resultaron vencedores en la contienda.

Ya instaurado el Imperio Romano, Rusadir dejó de ser tan solo una colina fortificada para ser considerada como “colonia”, pasando a formar parte de la provincia romana de la Mauritania Tingitana. A  partir de aquí comienza a figurar en los itinerarios y descripciones de Roma.

Por primera vez en esta época, Rusadir es española, al depender administrativamente de la Hispania Citerior, en la provincia Bética. Entre el año 422 y 429, los vándalos, con el rey Guntaredo, se instalaron en la Bética, y en el 429, siendo rey Gaiserico, los vándalos cruzaron el estrecho de Gibraltar y se instalaron también en el norte de África, ocupando Tánger, Ceuta y Volúbilis, haciendo a esta última su capital. Con la llegada del reino vándalo, Rusadir pasó una etapa de gran decadencia, siendo saqueada y destruida (al igual que todas aquellas ciudades africanas pertenecientes a la Hispania que, a pesar de la resistencia ofrecida, nada pudieron hacer ante los vándalos).

En el año 534, consumada la Caída del Imperio Romano de Occidente, los territorios vándalos serían conquistados por el emperador bizantino Justiniano I. El ejercito del emperador, con el General Belisario al mando, irrumpió en los territorios del norte de África ocupados por los vándalos y los conquistaron, junto con Mallorca, Menorca y las Pitiusas, en Baleares.

Más tarde, en el año 614, Rusadir sería conquistada por los visigodos. El rey Sisebuto luchó y venció a los bizantinos, conquistando la ciudad, que pasará a pertenecer al reino visigodo, con capital en Toledo. Don Sisebuto ordenó reconstruir la ciudad, convirtiéndola en sede episcopal.

Tras la conquista musulmana de la Hispania a partir del año 711, no es hasta el siglo X que Rusadir es ocupada por tropas del califa Abderramán III. Quizás fue en esta ocupación cuando la ciudad cambió de nombre, pasando a llamarse “Malila”.

Ya bajo el mandato de Muhammad ibn Idris al-Mostali, en el siglo XI, la ciudad se constituyó en un reino taifa, pero nuevamente fue atacada primero por los almorávides y después por los almohades, que volvieron a saquearla. Serían los benimerines quienes en el año 1272 conquistaran la ciudad de Malila, dándole un fuerte impulso comercial (en especial a su puerto, desde el cual establecerían tratos comerciales con aragoneses y genoveses). También sufrieron un periodo de decadencia debido a los excesivos impuestos con los que gravaban al campo.

En el siglo XIII los benemerines también tuvieron que sofocar algunas revueltas y rebeliones. En los siglos XIV y XV, las tensiones entre los sultanes de Tlemencén y de Fez iniciaron una época de decadencia y abandono.

En el año 1494, un mes de enero, la ciudad de Melilla se rebeló contra el dominio bereber y enviaron una carta ofreciendo la ciudad a los Reyes Católicos. Este hecho indignó a los hombres leales al sultán de Fez, quienes ocuparon la ciudad y la devastaron casi hasta su destrucción.

D. Juan Alonso Pérez de Guzmán, tercer Duque de Medina-Sidonia, se ofreció a los Reyes Católicos para tomar la ciudad y reconstruirla, hecho que agradó a los monarcas, que vieron la oportunidad de seguir con la reconquista de España, autorizando al Duque la orden de la ocupación de la ciudad de Melilla, hecho que aconteció el 17 de septiembre del año 1497, cuando la flota española del Duque de Medina-Sidonia, al mando de Pedro de Estopiñán y Virués, ocupó la ciudad norteafricana. Los españoles reconstruyeron la ciudad y al poco tiempo los musulmanes de los alrededores se encontraron con una ciudad fortificada.

Melilla es, ahora mismo, una de las ciudades «más antiguas de España y del Mediterráneo», al decir de renombrados historiadores, y orgullosa de ser española.

@LaReconquistaD

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