Así será la nueva valla de Melilla

Las obras durarán unos 10 meses y ascienden a un coste total de 17 millones de euros (8 millones para Ceuta y 9 para Melilla).

Han sido adjudicadas a Tragsa, una empresa que hace unos años ya presentó su proyecto para construir el muro de Trump en la frontera de EEUU con México.

Durante años, las concertinas han sido el principal impedimento para que las avalanchas de inmigrantes ilegales tuvieran éxito. El nuevo Gobierno está decidido a eliminarlas.

Sin ellas, y de hecho en muchas zonas de la frontera no las hay, la triple valla es poco efectiva ante un asalto masivo de personas. Las fuerzas del orden, atacadas y en ocasiones hasta rociadas con ácidos y disolventes por las turbas de ilegales, se convierten entonces el único elemento que evita, a duras penas, las entradas masivas.

Nada más convertirse en ministro de Interior, Marlaska anunció que suprimiría las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla; vallas que, por cierto, colocó por primera vez en la Historia el PSOE allá por 2005.

Ahora, se está trabajando en un nuevo sistema de defensa más pasiva.

Las concertinas fueron originalmente puestas durante el primer Gobierno de Zapatero.

La primera modificación general del perímetro fronterizo será la conversión de la triple valla en una doble, pero más robusta y eficaz.

Simultáneamente, se eliminará la inútil red a nivel de suelo que Zapatero mandó colocar para «impedir el paso de la primera a la segunda valla» y que terminó haciendo la función de trampolín.

De funcionar bien la doble valla, esto sería una doble victoria puesto que la triple actual no funciona sin concertinas y, además, sufre desplomes cuando arrecian fuertes temporales o cientos de inmigrantes trepan por la malla al mismo tiempo.

En cuanto a la nueva barrera física, de acuerdo con el programa del PSOE, será mucho menos lesiva que la vieja.

En Melilla, la valla exterior tendrá dos tipologías dependiendo del tramo en el que nos encontremos.

1. En algunas zonas, solo la cuarta parte del perímetro vallado, en los lugares donde se producen principalmente las entradas masivas en caliente, se está erigiendo un imponente muro-valla de 10 metros de altura.

Este podrá soportar pesos enormes y tendrá 4 niveles desde el suelo hasta arriba.

El muro se dividirá en una sólida verja de gruesos barrotes en la parte inferior; una plancha de acero a media altura; y un tercio superior que será una especie de malla que impedirá el paso pero permitirá ver el otro lado.

En la cúspide, coronando el muro, habrá un nuevo «elemento estrella» en sustitución de las concertinas. Unos grandes rodillos de acero (fijos, aunque inicialmente se pensó en hacerlos móviles), que previsiblemente harán muy complicado el paso al otro lado del muro.

Si algún ilegal consiguiera alcanzar la cima del muro, se encontrará con una bajada (o una caída) de 10 metros si no consigue saltar a la segunda valla. E incluso si logra llegar de un salto y engancharse, la caída de varios metros de una a otra plataforma puede ser dura.

La idea de este nuevo muro-valla es disuadir antes que impedir agresivamente la entrada, pero no cabe duda de que si algún subsahariano es capaz de cruzar el nuevo sistema de seguridad, no será sin esfuerzo y con heridas o contusiones de por medio.

2. En otras zonas, las tres cuartas partes del perímetro melillense, se optará por algo mucho más modesto. Se pondrá una nueva valla, muy parecida a la actual y de la misma altura, aunque con barrotes algo más gruesos que los actuales para evitar desplomes en época de grandes vendavales o avalanchas masivas.

En la cúspide, se sustituirán las viejas concertinas por una especie de peine-verja con función muy similar a la del rodillo del muro-verja descrito en el primer punto.

Los barrotes del peine serán de más de un metro de largos y curvos hasta los 180 grados. De esta forma, su extremo saliente apuntará al suelo y será francamente complicado, o como mínimo muy lento, no caer al suelo tratando de trepar por ellos.

La valla interior de la «nueva frontera» seguirá siendo como hasta ahora, medirá unos 6 metros y su propósito será únicamente el de retener a los posibles asaltantes que consigan entrar, que en principio no deberían ser muchos, y podrán ser más fácilmente arrestados de lo que venían siendo hasta ahora.

Esto no es todo, se incluirán 66 cámaras para detección de movimientos, 14 de ellas con visión térmica-nocturna que ayudará a las fuerzas de seguridad a ser alertadas a tiempo.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, la Unión Europea pagó hace unos años a Marruecos para que construyera la valla con concertinas que actualmente es la primera y gran barrera que se encuentran los inmigrantes cuando tratan de cruzar ilegalmente la frontera.

No nos engañemos ni seamos hipócritas. Estos últimos tiempos, los asaltos a la valla se han reducido al mínimo y eso se debe a tres factores que poco tienen que ver con la triple valla actual.

Estos tres factores son: la peligrosa nueva valla marroquí, con sus concertinas fosos y trampas anti persona, que Europa pidió construir a Mohamed VI con fondos europeos para que la ONU no nos culpara a nosotros de violar los DDHH; las «no legales» devoluciones en caliente (muy a pesar de la ONU); y por último, la actuación policial en suelo marroquí.

Por supuesto, todo apunta a que el nuevo sistema en suelo español, que insisto, parece completo y eficaz, será la puntilla definitiva para hacer que violar las fronteras se torne casi imposible.

Si no, todo es susceptible de ser mejorado y el uso de las polémicas concertinas seguirá siendo una opción…

A partir de ahora, la práctica totalidad de las entradas ilegales a suelo español se harán vía patera o cayuco.

Llegados a este punto, sólo puede acabar con el efecto llamada un cambio en las leyes y en los protocolos de devolución (que deben poder realizarse en caliente).

Esta lacra se lleva muchas vidas y nos causa muchos problemas fácilmente evitables (con un poco de voluntad política, claro está).

No, violar fronteras y leyes atacando además a las fuerzas del orden no es un derecho humano.

España tiene el legítimo derecho a controlar quién accede a su territorio.

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