Anomalías informativas

Los miembros y “miembras” de este des-Gobierno llevan bastante tiempo ofreciendo un espectáculo digno de figurar en los tratados de cualquier totalitarismo; sus comparecencias ante los medios de comunicación suelen ser vergonzosas, cantinflescas, deslavazadas, histriónicas a veces, y siempre rezuman un despotismo vergonzoso.

La mayor parte de las veces están constituidas por monólogos donde, ellos mismos se hacen las preguntas y así mismos las responden, utilizando el viejo truco de: “si usted me pregunta …, le diré que…”.

Actualmente son muchos los medios de comunicación a los que, en numerosas ocasiones, se les piden por adelantado las preguntas, sobre todo cuando el que va a comparecer es el Presidente de Gobierno, eliminando las molestas, dejando sólo las de lucimiento personal y añadiendo algunas.

Al mismo tiempo son vetados medios de comunicación porque no son de la cuerda del actual desgobierno, o porque no se han dejado “manipular”. En fin, unos tics autoritarios vergonzosos y que no se consentirían de ninguna de las maneras, por el resto de periodistas, si el entrevistado fuese de derechas.
En ese caso e inmediatamente saldrían a la luz todos estos enjuagues, y se informaría en todos los medios de comunicación de esa la falta de libertades, del comportamiento fascista y totalitario del entrevistado, más toda esa retahíla de lindezas con que la izquierda, en cuanto ve la mínima ocasión, utiliza para señalar el mínimo desliz que pueda cometer un líder de otra formación.

Como muchas de las cuestiones a tratar están pactadas, no digamos si la entrevista es televisiva, entonces ya el guión-masaje es repulsivo, y si alguien se sale del mismo no es extraño que el protagonista de tamaño atrevimiento, sea recriminado por el ministro de turno. Algo que asombrosamente cuenta con el silencio del resto de plumillas que cubren tal acontecimiento.

No hace mucho veíamos con asombro cómo la portavoz, al ser preguntada por un informador por una cuestión que al parecer no estaba en el guión de las previstas, ésta en vez de contestar se dedicó a poner una cara que oscilaba entre el asombro y la sorpresa, e iniciando a continuación una serie de visajes burlescos y cómicos, para así evitar responder, dando a entender que, o bien el aludido era lelo, o estaba sonado.

Otras veces ni eso, emprenden la huída a toda velocidad y se acabó

De cinismo no carecen, y de falta de respeto al deber de los periodistas tampoco.

No hace muchos días contemplábamos cómo una periodista, que cubría un mitin donde el Fake que habita en La Moncloa era el protagonista, al percibir parte de los militantes que se encontraban presentes, que la tal era de un medio de comunicación no domesticado, comenzaron a abuchearla, impidiéndole realizar su labor; aunque la periodista, entre asombrada y suplicante insistiera en que sólo estaba haciendo su trabajo y pedía por favor poderlo terminar.

En estos casos y en otros muchos más, la solidaridad del resto de informadores y de otros medios de comunicación han brillado por su ausencia. Ninguno de sus supuestos compañeros presentes en el acto, hicieron el menor gesto de proteger, afear, o de solidarizarse con la agraviada, que abandonaba a continuación el recinto como protesta a la coacción en su libertad de información.

Recuerdo que hace unos años, en una rueda de prensa que estaba prevista diera el entrenador de un equipo de fútbol, y sustituido a última hora por su segundo, se obró el milagro: todos los periodistas acreditados en la sala y sin pronunciar palabra, como una sola persona abandonaron la misma, manifestado posteriormente que había sido un acto de solidaridad contra la soberbia del aludido entrenador.

No digo que esta actitud esté mal pero, ¿sólo en este caso? O, más bien, habrá que preguntarse si depende sólo de la naturaleza política de quién es el entrevistado.

La hipocresía, el cinismo y la doble vara de medir están presentes y cada día más en todas las instituciones, sobre todo en muchos de los medios de comunicación, el acto último al que me refiero lo refleja claramente.

Se retratan así mismos, a nadie engañan a poco que se reflexione en el asunto, constituyen un grupo de lacayos que, muy agradecidos del pesebre que les apacienta tragan lo que sea con tal de seguir ahí y, eso sí, en cuanto tienen oportunidad y, sobre todo, si son conscientes de que no peligran su intereses, sacan pecho, dándoselas de valientes en asuntos de muchísima menor relevancia.

Estómagos agradecidos, demagógicos sin cuento y sectarios retribuidos

Cooperadores y cómplices imprescindibles del ataque a la libertad de información y de expresión, que tan necesarias son en toda democracia liberal que se precie.

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