Andalucía como preámbulo del final del Sanchismo

No son precisamente pocas las sensaciones que uno va recogiendo al caminar por los distintos senderos de la geografía andaluza. Ahora que todo ha pasado, y las caras de los distintos actores se manifiestan acorde a lo que los números muestran, en lo que a votos se refiere, se pueden distinguir las diversas lecturas que uno u otro hacen de lo ocurrido hace pocas horas.

En estas elecciones del 19 de junio, Moreno Bonilla revalida su cargo como Presidente de la Junta de Andalucía, con una mayoría más que suficiente para gobernar, tal como él quería, en solitario. La euforia, el jolgorio, la celebración del triunfo por parte de la formación azul, se antoja como un paso más en el camino para echar a Pedro Sánchez de la Moncloa. Por lo menos, así lo quisiéramos ver algunos.

La realidad es que la victoria de Moreno Bonilla admite muchas interpretaciones, aunque personalmente, servidor se incline por una en particular. Hay que recordar lo siguiente: Aunque pertenezcan al mismo partido, Moreno Bonilla no es Ayuso. Si esta no ve posible un pacto con la izquierda “generadora de miseria”, como la llama ella, a su compañero lo mismo le daba pactar con uno o con otro, o repetir elecciones si hubiera hecho falta. Este es el talante de nuestros gobernantes. De algunos.

Como menos la hermosura, todo se pega, el Partido Popular tiene a bien imitar el totalitarismo de su supuesto oponente, el PSOE, en un alarde antidemocrático, en aquellas declaraciones, por poner un ejemplo (repetir las elecciones si así me conviene). A nada está de repetir letra por letra la última perla de Adriana Lastra, “salid el domingo a votar el PSOE para que no tengamos que salir el lunes a rodear el Parlamento”, más o menos. En ese sentido, la victoria de Moreno supone un continuismo de las políticas progres de la Agenda 2030, aquello de “no tendrás nada y serás feliz”, por un lado; y una continuidad de las leyes de memoria histórica, feminismo y demás etcétera, aplicadas en su momento por el PSOE.

¿Veremos el Palacio de San Telmo rodeado por las hordas de mal llamados progresistas? Sinceramente, a la hora en que escribo estas líneas, no me aventuro a nada, aunque a estas alturas, no me sorprendería lo más mínimo ver a cuatro pelotudos clamar por aquella pérdida de derechos, como declaraba el candidato del Partido Socialista: “o derechas o derechos”.

Al señor de la espada rota, le digo: Óigame, Juan. El único partido que ha vulnerado mis derechos es el Partido Socialista Obrero Español. El mismo partido que me ha tenido como a millones de compatriotas, encerrado en mi casa durante meses, me ha impedido moverme de comunidad en comunidad, ha cerrado mi negocio impidiéndome trabajar y pagando sí o sí la cuota de autónomo. El mismo partido que ha dejado a mis hermanos, mis padres, mis amigos, etc. sin la posibilidad de un empleo, ya no digo digno; el mismo partido que me obliga a depender de papá estado por una limosna, intentando mantener mi voto cautivo. Usted y los de su partido son los que se hacen llamar adalides de la libertad. Deje de tomarnos por imbéciles. Dése con un canto en los dientes, que menos escaños tenía que haber sacado. Miserable.

Sánchez, vaya preparándose. El siguiente en salir es usted. O quizás Ximo, Lambán, Fernández Vara o García Page

En cuanto a Vox… desde aquí, mis felicitaciones, entre cínicas comillas, por un aumento en el número de votos, que ni es aumento ni es nada.

El grueso de los votos del desaparecido Ciudadanos han pasado al Partido Popular, al tiempo que no se explica cómo una candidata de la talla de Macarena Olona haya llegado hasta donde ha llegado. Son muchas las explicaciones que dan distintos expertos en el tema. Se habla de pucherazo, de demonización de la formación verde, de una mala elección en lo que se refiere al nombramiento de tal periodista como jefe de campaña, etc. Que cada uno se agarre a lo que más le guste. Me quedo con las palabras de su presidente, “somos un instrumento al servicio de España”. Se oye poco eso.

Sea como fuere, el pesimismo abunda en el tercer partido político de Andalucía. Por lo menos, a día de hoy

Entretanto, y con esto acabo, los distintos partidillos de la coalición de extrema izquierda, de cuyo nombre no me acuerdo, tenían pie y medio en el ataúd muchísimo antes de empezar a andar. Ya con decir que no recuerdo el nombre del partido es un clavo más. El hecho de que se peleen entre ellos no es algo que ayude. Si a eso le sumamos la presencia forzosa de la ministra de desempleo, que por donde pasa, arrasa, obtenemos el cóctel perfecto para un descalabro monumental, solamente superado por el del Partido Socialista, obteniendo los resultados más lamentables en toda su historia en la taifa andaluza.

¿Qué esperar de personajes así?

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