Adriana Lastra: “Salid a votar el domingo al PSOE para que no tengamos que salir el lunes a manifestarnos”. Estos son los que se denominan demócratas

No salgo de mi asombro. Así de simple. Cuando crees que el sectarismo de determinados personajes no puede sorprenderte, pasa todo lo contrario. Y, efectivamente, vamos un pasito más allá, subimos un escaloncito más. Total, después de un sesudo análisis de la realidad (entiéndase la ironía), este tipo de individuos llega siempre a la misma conclusión: “la culpa es de todo el mundo, excepto mía”, o, en su defecto, de los míos.

Son elementos dignos de estudio, pues son los mismos que, a la vez que blanquean al PSOE, se quejan de la soga que dicho partido les ha adjudicado a cada uno de ellos. Es para hacérselo mirar.

Se trata de la dinámica del chivo expiatorio, propia de los totalitarismos, y los nacionalismos, en general, ya saben ustedes, “ver la paja en el ojo ajeno…” Me he puesto como reto dejar de conversar con estos personajes este tipo de cuestiones, y fíjense cuando digo “conversar”, cuando lo más probable es que a un servidor, apenas le dejen alzar la voz. Es un reto que casi nunca consigo, lo siento, me puede la emoción del momento, supongo.

Sobradamente tengo asumido que enfrentar nuestras posturas es como darse de cabezazos contra la pared. El lavado de cerebro ha calado tan hondo que no se admite otra cosa que el discurso único, ya saben: la religión climática, el buenismo progre, ese supuesto multiculturalismo, la “igualdad” entre cínicas comillas, y mi preferida, el blanqueo del comunismo; no en vano, la ministra tucán se jactaba que la doctrina que le enseñaron en su casa promueve los valores de la tolerancia, la igualdad, etc. Como si aquello no hubiese encadenado hambre y miseria allá donde se haya implantado.

No salgo de mi asombro cuando les escucho despotricar sobre la formación verde y demás partidos disconformes con el discurso progre, soltando éstos una serie de batiburrillos compuestos en su mayoría de estereotipos impuestos por esa llamada izquierda antiespañola. Qué esperar de los espectadores de La Sexta, o del programa del Risto, el de las pegatinas. A mí no se me olvida que el Partido Socialista es el más corrupto de toda Europa, y a sus votantes tampoco, con la diferencia de que, a estos, la corrupción de su partido les resbala. Menudencias.

Es más importante los casos que afectan al adversario, a pesar de que, en comparación, sea un grano de arena frente a un desierto. Pero da igual. Para ellos, el PSOE (partido en el Gobierno) lo está haciendo bien, a pesar de que el señor presidente sea incapaz de salir a la calle, hay sido incapaz de dar un mitin a puerta abierta, que tengamos el paro más grande de toda la UE, que tengamos que depender de las instituciones europeas debido a que tenemos a unos gobernantes tan incompetentes que no valen ni para abrocharse los cordones. 1200 asesores y subiendo. Un porcentaje de trabajadores públicos superior al de autónomos o trabajadores por cuenta ajena. Las instituciones, manoseadas (La Fiscalía, ¿de quién depende? Pues eso) La lucha por repartirse el CGPJ entre los grandes partidos, así como el control vía dinero público de las televisiones y periódicos tanto públicos como privados. Baja (según medios extranjeros no precisamente en contra del progresismo) la calidad de nuestra democracia. Aumenta el número de suicidios. Así como la entrada de inmigrantes ilegales, con todos los problemas que eso conlleva. Oiga, no diga nada al respecto. No me sea racista.

Gasto por parte del Gobierno en absurdeces, dinero que, por otra parte, no tiene, y, en contraprestación, tiene que ir solicitando a Europa, siendo ésta la que más temprano que tarde, cierre el grifo y nos tengamos que comer los mocos.

Mientras tanto, nada, suben los precios de todo. De la cesta de la compra, del gas, de los combustibles, pero nada. Lo mismo de siempre, Argelia, Franco, Putin, Vox, Marruecos o la madre que los parió. Este gobierno no se hace responsable de nada. La culpa, como escuché a un fulano decir la tarde de hoy, “la tienen las grandes empresas”. En la cabeza de este botarate seguramente tiene al Estado como una amalgama de inocentes mamelúfilos preocupados por el bienestar de todo el mundo incapaces de tomar las medidas necesarias, para bien o para mal, que faciliten, o no, la creación o la destrucción de empresas. Nissan ha cerrado su planta en Cataluña porque le ha salido de los cojones. Deliveroo se ha ido de Madrid pues… por tres cuartas de lo mismo. No tiene nada que ver que el gobierno intervenga todo lo habido y por haber, desde los precios hasta las condiciones de contratación, de despido y todo lo demás. En absoluto.

Son los mismos que piden encarecidamente un mayor tamaño del Estado, como si eso no trajera consecuencias. En so relevante al tema de los transportes, si tienes que eliminar el uso de vehículos privados, lo eliminas. Si hay que eliminar la sanidad privada, la eliminas, y punto. No hay más. Estos son los que se dicen defensores de la libertad, a la vez que se rasgan las vestiduras por no sé qué políticas de esa supuesta extrema derecha aplicadas en Polonia contra los inmigrantes, las mujeres o los homosexuales, clamando en contra de esa pérdida de derechos y libertades. Pues, no sé usted, caballero, pero, en mi país, que es el suyo, el único que me encerró en mi casa contra mi voluntad durante meses, me obligó a llevar un trapo en la cara, y me convirtió en ciudadano de segunda al no querer pasar por el aro de lo políticamente correcto, coartando con ello mis derechos y libertades, fue el Partido Socialista, partido al que todo se le perdona, por lo menos por parte de usted y de gente como usted.

No es de extrañar, teniendo en cuenta de que, a partir de ahora, todo reincidente podrá solicitar que se le borre el historial delictivo, con el apoyo, claro está, del Gobierno de España, gobernando el Partido Socialista. Es para hacérselo mirar.

Como también es de hacérselo mirar lo último de Adriana Lastra: “Salid a votar el domingo al PSOE para que no tengamos que salir el lunes a manifestarnos”. Estos son los que se denominan demócratas. O me votas a mí, o quemo las calles. Y los que promueven el discurso del odio somos nosotros. Con un par.

Y habrá quien lo aplauda.

No salgo de mi asombro.

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