Abusivo lenguaje inclusivo en la LOMLOE

El desaguisado de la exministra, Isabel Celaá, ha hecho que “su” ley parezca un TBO feminista donde se confunde el lenguaje inclusivo con el sexual.

Cada vez que me veo obligado a consultar la LOMLOE me llevo sorpresas. Estoy hablando de la Ley Orgánica para la Mejora de la Ley Orgánica de Educación. Empiezo por comprobar que es peor que lo que ya teníamos, bastante peor, tanto en la forma como en el contenido. Peca por exceso del vulgar uso del lenguaje inclusivo; es tan reiterativo y aburrido que se convierte en un total despropósito. Hay situaciones contradictorias y torpes como abusar de esa reiteratividad y, en otras ocasiones, lo pasa por alto por no se sabe qué motivo. La redacción es un hazmerreír y con ella no aprobaría el alumnado de ESO y menos aún el de bachillerato. Bien es verdad que, por obra y gracia de la nueva ley, titulará hasta el apuntador sin esforzarse en exceso. Es una evidencia que se ha huido del esfuerzo y del sacrificio. No sólo iguala a todos por abajo, sino que los deja a su aire. Mayor despropósito imposible

Fíjense en una contradicción: tanto como abusan del lenguaje inclusivo, otras veces se olvidan de ello: “La propia Ley definió las evaluaciones (…) y los aprendizajes de los alumnos (¿y alumnas?) como elementos esenciales para conocer el funcionamiento de ambos y los resultados obtenidos por los alumnos (¿y alumnas?) escolarizados en las etapas obligatorias”. Al menos podía utilizar “alumnado” y quedaría bien, pero el Ministerio de Educación y Formación Profesional se empeña en hacer las cosas mal. Y ahora, con la defensa de la enseñanza concertada por parte de la nueva ministra, Isabel Alegría, la discusión está servida con el sector de ‘Hundidas Podemos’ o ‘Unidas Pandemias’.

En vez de jugar con esa inclusividad, que parecen no dominar, deberían aprender que existen vocablos como alumnado, profesorado, ciudadanía, concejalía… Supongo que la RAE no insistirá más en el tema porque es como predicar en el desierto. Y si alguien desconoce lo mal que se lee un texto largo con el lenguaje inclusivo, que no se prive y haga la prueba: aseguro al lector que acabará por detestar ese tipo de lenguaje y, si conoce que el masculino plural ya incluye esa inclusividad, entonces empezará a pensar que los autores de ese tipo de escritos son auténticos ‘analfaburros’ o simples ‘acémilas’. Camilo José Cela los hubiera llamado “cabestros”, como si se lo estuviera escuchando decir ahora.

Hablen, incluso, de derechos de la infancia y no mencionen tanto eso de “Derechos del Niño de Naciones Unidas” porque se están forrando de estupidez y en Europa hace tiempo que les apuntan con el dedo mientras se mofan a carcajada batiente. De expresiones como “nuestros jóvenes” abusa sobremanera, al igual que omite “mujeres” muchas veces, lo que no concuerda con sus presuntas convicciones; eso demuestra que es una ley inducida a presión, como lo fue la ‘non nata’ Ley de Libertad Sexual que la “marquesa” de Galapagar fue incapaz de redactar y que el ministro de Justicia llenó de tachaduras y correcciones en rojo, faltas de ortografía y acentuación incluidas.

Tal vez eso sea lo de menos para el Gobierno, siendo lo de más el hecho de quererse hacer con el control de la educación. De momento no entraré en otras ideas de lo que se puede hacer una vez controlado el sistema educativo. Las modificaciones que observamos en la nueva ley son más propias de insensatos y analfabetos que de técnicos en educación. El desaguisado de la exministra, Isabel Celaá, ha hecho que “su” ley parezca un TBO feminista donde se confunde el lenguaje inclusivo con el sexual. Lo malo de todo esto es que, tan pronto como haya nuevo Gobierno distinto al ‘Frankenstein’ se elaborará otra ley. Así nunca avanzaremos y estaremos como Penélope: tejiendo de día y destejiendo de noche.

Finalmente, si desean seguir mofándose de lo que es la Ley Orgánica para la Mejora de la Ley Orgánica de Educación, seleccionen un texto no muy largo y péguenlo en un buscador, muchas de esas selecciones textuales llevan a informes, dictámenes, libros, revistas y documentos varios; con ello se demuestra que hay plagio, al menos parcial, en la LOMLOE. Es un hecho, pues, que el “Doctor Cum Fraude” sí ha aportado algo, pero negativo, al país: la mentira, el fraude y la irresponsabilidad de la que tantas veces hemos hablado y dado contundentes pruebas.

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